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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Street Fighter 2026: la adaptación que le ganó la pulseada a sus propias sombras

La nueva película basada en el videojuego de Capcom llega a las salas con un 41% en Rotten Tomatoes y un 6,3 en IMDB, números que la dejan como la mejor recibida de las tres adaptaciones cinematográficas de la franquicia, aunque todavía lejos del aplauso cerrado.

Por Ramón VeraCultura y espectáculos · · hace 1 h
Street Fighter 2026: la adaptación que le ganó la pulseada a sus propias sombras

Les confieso una cosa antes de meternos en tema: cada vez que escucho el tema inicial de cualquier versión de Street Fighter me pasa lo mismo, se me eriza la piel y me dan ganas de enchufar la consola, ese riff que te lleva directo a la batería de la sala de juegos del barrio, esa liturgia eléctrica que compartimos millones de tipos que crecimos eligiendo bando entre Ryu y Ken. Y justamente por eso, porque esa música y esos personajes forman parte de la biografía sentimental de varias generaciones, cuesta mucho digerir una nueva adaptación sin que aparezca el fantasma de la decepción, esa sensación fea de que pisotearon algo que querías mucho. Bueno, la novedad del 2026 es que esta vez, al menos, la decepción no vino con [==============================], esta vez la sala del cine se parece más a una pelea ganada por puntos que a una paliza histórica.

Hadoken

La nueva película en imagen real de Street Fighter, dirigida por Kitao Sakurai y basada en el videojuego de la casa Capcom, se planta en la vidriera con un 41% de críticas positivas en Rotten Tomatoes y una nota media de 6,3 sobre 10 en IMDB, y a primera vista los números pueden sonar tibios, pero hay que ponerlos en contexto, porque si uno mira para atrás lo que encuentra es un terreno arrasado, un historial donde casi nadie había salido bien parado, y eso cambia radicalmente la lectura del asunto y hasta nos permite mirar el resultado con otra cara, con menos ceño fruncido y más curiosidad razonable.

Basta repasar las otras dos fichas para entender de qué hablamos cuando hablamos de sombras pesadas, porque la versión de 1994, aquella con Jean-Claude Van Damme que en su momento fue un evento popular, hoy aparece en los archivos de Rotten Tomatoes con apenas un 20% de críticas favorables, un número que duele si uno piensa en la expectativa que había generado, y la de 2009, titulada Street Fighter: La leyenda y protagonizada por Kristin Kreuk, tocó fondo con un paupérrimo 3% en el mismo sitio, una cifra que ya entra en el terreno de lo testimonial, casi una constancia de defunción de la franquicia en la pantalla grande. De ahí que el 41% actual, sin ser un triunfo, represente una distancia real y hasta saludable frente a sus propios antecedentes.

Ryu ga waga teki wo kurau

  • La película de 2026 consigue un 41% de aprobación en Rotten Tomatoes, contra 20% de la versión de 1994 y apenas 3% de la de 2009.
  • En IMDB la nueva entrega suma 6,3 sobre 10, por encima del 4,2 de la de 1994 y del 3,7 de la de 2009.
  • Tanto el filme de 2026 como el de 1994 obtuvieron una B- en CinemaScore, señal de una recepción tibia pero parejamente tibia por parte del público que efectivamente pagó la entrada.

Lo que cuenta la película de Sakurai, más allá del cruce de guantes en la trama, es una historia de persistencia, la de un estudio y un director que se animaron a volver a poner en juego a personajes que arrastraban dos fracasos críticos consecutivos, y esa decisión, me animo a decir, tiene bastante de corajudo, porque lo más fácil hubiera sido dejar a la franquicia guardada en el ropero de los videojuegos y dedicar el presupuesto a otra cosa, y en cambio acá estamos, hablando de ella, comparándola con sus antecesoras, redescubriendo a un elenco que pisa el ring sin la mochila de tener que salvar la honra del género entero, lo que ya es de por sí un alivio, una manera razonable de empezar a discutir en serio qué se puede hacer con estos personajes cuando se les da un guión a la altura de los puñetazos.

Fight to the finish

Ahora bien, tampoco quiero pintarles un cuadro demasiado amable, porque un 41% de aprobación en Rotten Tomatoes no es ninguna consagración y sería una deshonestidad de mi parte decirles que la crítica especializada la recibió con los brazos abiertos, lo que la prensa anglosajona está diciendo en sus reseñas es, en el mejor de los casos, que la película aprueba raspando, que entretiene sin brillar, que tiene algunos hallazgos visuales y de puesta en escena pero que todavía no termina de encontrar la tecla para traducir al lenguaje cinematográfico lo que en el joystick funciona como un ballet de energías elementales, y eso, miren, es todo un tema, porque el formato del videojuego de pelea es por naturaleza espectacular en términos de diseño pero profundamente pobre en narrativa, y ahí está la madre del problema histórico de cada adaptación, un dilema que ni siquiera una franquicia emblemática como Street Fighter termina de resolver del todo, aunque al menos esta vez haya dejado de caer en la lona en el primer round.

El último dato que me parece justo compartir, antes de dejar que cada uno arme su propia opinión tomando un café, es el de CinemaScore, esa encuesta que se hace en las salas norteamericanas el día del estreno y que mide el entusiasmo del público real, el que pagó la entrada, no el de los críticos profesionales, y lo que arroja es elocuente: tanto esta versión 2026 como la de 1994 se llevan una B-, es decir, una recepción pareja y templada, ni memorable ni decepcionante, lo que confirma algo que muchos sospechábamos, que el público fand es generoso pero no ingenuo, que premia la intención cuando el resultado es digno pero que no se deja engañar fácilmente cuando el producto le queda corto, y en esa vara intermedia, ahí cerquita del aprobado, es donde esta nueva Street Fighter 2026 acaba de encontrar su lugar, que no es el trono pero tampoco el banquillo, es una butaca en la que, por primera vez en mucho tiempo, la franquicia puede sentarse sin que le griten de entrada, y eso, en un género tan castigado por sus propias adaptaciones cinematográficas, ya parece toda una victoria moral, una pelea ganada por puntos, reiterando lo que dijimos al principio, y por eso a mí, que crecí apretando botones frente a la pantalla, me sigue pareciendo una noticia francamente auspiciosa y hasta emotiva, se los digo con el corazón en la mano porque estas cosas, cuando uno las vivió de pibe, se festejan como si fueran propias.

RV
Ramón VeraCultura y espectáculos

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