Una mañana en la cocina de Marta y la cita que puede cambiarle la vista a su nieto
El Hospital Castro Rendón abre sus puertas este jueves para que chicos de entre 4 y 14 años se hagan un control visual gratuito, sin turno previo y con solo el DNI en la mano. Una oportunidad concreta para detectar a tiempo el ojo vago y otros problemas que, tratados temprano, tienen solución.
A Marta la encontré esta mañana, antes de las siete, pelando papas en el patio de adelante mientras el termo del mate se calentaba despacio. Tiene 58 años, tres nietos y una preocupación que no la deja dormir: el más chico, que ya va a segundo grado, se acerca mucho al cuaderno y tuerce la cabeza como los gorriones cuando miran de reojo. Acá en la cuenca, cuenta ella mientras se seca las manos en el delantal, muchas familias recién se enteran de que un chico ve mal cuando la maestra lo nota en el aula. Por eso esta semana hay una cita que, palabra más, palabra menos, le puede ahorrar un disgusto grande.
Porque este jueves, el servicio de Oftalmología del Hospital Provincial Castro Rendón, ese que queda sobre la calle Santa Fe 350, abre sus puertas de 8 a 14 para una jornada de control visual pediátrico gratuita y abierta a toda la comunidad. No hace falta sacar turno: se atiende por orden de llegada, alcanza con llevar el Documento Nacional de Identidad del chico para registrarlo en el sistema ANDES y, si la familia tiene estudios visuales previos, conviene llevarlos aunque sean viejos.
A quiénes está apuntado el control
- Nenes y nenas de entre 4 y 14 años, que es la franja en la que el ojo y el cerebro todavía tienen plasticidad como para responder a un tratamiento.
- Atención de 8 a 14, por orden de llegada, sin turno previo, en el Hospital Castro Rendón (Santa Fe 350, Neuquén capital).
- Solo se necesita DNI; si hay estudios anteriores, mejor llevarlos para que el equipo médico pueda comparar.
La subjefa de Oftalmología del hospital, Natalia Racigh, lo dice con una claridad que a mí, como adulta, me dejó pensando: Ambliopía es el término técnico para referirse a un ojo que no funciona como corresponde y que, si se diagnostica en el momento oportuno, tiene tratamiento. Lo que en la calle llamamos ojo vago es, ni más ni menos, eso: uno de los dos ojos no termina de desarrollar la agudeza visual normal porque el cerebro, como estrategia, prioriza al ojo dominante y deja de procesar las señales del otro. El problema es que esa decisión del cerebro se vuelve permanente con los años.
Por qué la edad importa tanto
La ventana terapéutica, me explican los especialistas, se cierra alrededor de los 13 o 14 años. Hasta ahí, el sistema visual todavía es lo bastante flexible como para reaprender; después, las conexiones se fijan y la rehabilitación con parche ya no devuelve la vista perdida. El tratamiento habitual combina anteojos con el parche sobre el ojo que ve mejor, una especie de trampa amigable para obligar al cerebro a prestarle atención al ojo relegado. Detectado a tiempo, funciona. Pasado ese umbral, ya no.
En las jornadas anteriores del hospital, más de la mitad de los chicos evaluados llegaron con alguna falla en la agudeza visual. Parte de ese crecimiento tiene un culpable conocido: las pantallas, usadas desde edades cada vez más tempranas. El esfuerzo sostenido de enfoque a corta distancia favorece la miopía y, en la etapa escolar, se traduce en dolores de cabeza frecuentes que muchas veces se atribuyen al estrés o al sueño y que, mirados con cuidado, están hablando del ojo.
Cómo sigue el calendario de controles
- Primer mes de vida.
- Seis meses.
- Año y medio.
- Tres años.
- Cinco años.
- A partir de los cinco, una vez por año, junto con el chequeo escolar.
Si durante la jornada del jueves el equipo médico detecta alguna anomalía, la criatura queda derivada a consulta ambulatoria para empezar el tratamiento correspondiente. No es un trámite aislado: es la puerta de entrada a un seguimiento.
Marta, mientras acomoda la mesa para el almuerzo, me dice que ya sacó el DNI del nene del cajón de los documentos y lo puso en la mochila. No es para menos: ella fue una de esas nenas que llegó tarde al consultorio y que, por eso, hoy usa lentes desde los veinte. Acá en la cuenca, repite mientras me sirve un mate, nosotros aprendemos a los golpes. Por eso, cuando la ciencia y el hospital público se acercan a la esquina de uno, hay que abrir la puerta y dejar que entren.
