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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Volver a casa con varias cajas después del cardiólogo: por qué el corazón se trata en equipo

Tras un diagnóstico cardiovascular es habitual recibir más de un fármaco. Cada uno apunta a un problema distinto, y la combinación la define el profesional según el cuadro clínico y los antecedentes de cada paciente.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 34 d
Volver a casa con varias cajas después del cardiólogo: por qué el corazón se trata en equipo

A veces la escena se repite en cualquier cocina de la cuenca: la mesa cubierta de cajas de medicamentos, la libreta con anotaciones del médico y la misma pregunta dando vueltas en la cabeza. ¿Por qué tantas pastillas juntas? ¿No alcanza con una? La respuesta que repiten los profesionales es que el corazón puede fallar por razones distintas y simultáneas, y un solo comprimido no alcanza para cubrirlas todas.

Marta, vecina de Lanús, tiene 58 años y salió del consultorio hace tres semanas con cinco fármacos en el bolso. La presión alta, el colesterol elevado y una arritmia detectada en el electrocardiograma le cambiaron la rutina de golpe. “Yo pensé que me iban a dar una pastillita y listo. Cuando vi la cantidad me asusté”, cuenta mientras acomoda los blísteres en el cajón de los cubiertos, ese lugar improvisado que muchos pacientes eligen para no olvidarse ninguna toma.

Presión, colesterol, coágulos y ritmo: cada fármaco tiene un blanco

La presión arterial elevada obliga al músculo cardíaco a trabajar de más y, con el tiempo, lo daña junto con los vasos. Para controlarla existen distintos grupos de medicamentos que actúan por vías diferentes: los inhibidores de la ECA y los ARA-II bloquean una hormona que estrecha los vasos; los betabloqueantes reducen la frecuencia cardíaca amortiguando el efecto de la adrenalina; y los bloqueadores de los canales de calcio relajan las arterias o desaceleran el pulso según el caso.

El colesterol LDL, conocido como colesterol malo, se trata en paralelo. Las estatinas son los fármacos más usados: bajan el LDL y pueden contribuir a reducir la inflamación. Se indican después de un infarto, un accidente cerebrovascular o la colocación de un stent, y también en personas con factores de riesgo que todavía no tuvieron un evento. Cuando no alcanzan o no se toleran, el médico puede sumar ezetimiba o inhibidores de PCSK9.

Nosotros, como pacientes, solemos quedarnos con la duda de por qué tantas cajas si “el problema es uno”. Pero acá, en la cuenca y en cualquier barrio del país, los cardiólogos insisten en lo mismo: cada comprimido cumple una función distinta y la combinación se ajusta a los antecedentes, los factores de riesgo y el cuadro clínico de cada persona. Nada se inicia ni se suspende sin indicación médica, sobre todo porque los anticoagulantes y antiagregantes pueden aumentar el riesgo de hemorragias.

Marta ya entendió la lógica. Antes de acostarse revisa el cajón de los cubiertos, cuenta las pastillas y se toma cada una con un vaso de agua. Dice que lo que más la tranquilizó fue saber que no está medicada de más, sino de manera ordenada: una para la presión, otra para el colesterol, otra para el ritmo. “Ahora cada caja tiene un nombre y una razón —resume—. Y eso me deja dormir mejor.”

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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