A Boedo llegó una misión que hacía frío afuera: Oberá se llevó todo y le cortó la ilusión al Ciclón
El conjunto misionero se sacó la mufa en el Polideportivo de San Lorenzo con un 78-73 que vale doble: primer triunfo en la Liga Nacional y segunda caída al hilo para los de Boedo, que ya venían golpeados por Peñarol.
Dicen que en Boedo siempre sopla el viento, y esta vez el aire frío no fue para los de casa. Oberá Tenis Club fue a la cancha de San Lorenzo, se calzó los guantes y se trajo un 78-73 que le cambió la semana al equipo misionero. Cuatro caídas al hilo arrastraba el conjunto de Misiones, y la quinta no llegó. A veces el fútbol (perdón, el básquet) se resume en eso: encontrar el día justo para dejar de perder.
El arranque fue visitante y con perks. Oberá se plantó 14-9 con Barrales haciendo ruido desde el perímetro, como cuando tu viejo prende la radio temprano y te rompe el silencio del domingo. San Lorenzo reaccionó con lo que tenía a mano: Leonel Schattmann metió tres triples seguidos y dio vuelta el partido (18-16), porque en Boedo siempre hay un jugador que se hace cargo cuando la cosa se pone fea. El primer tiempo se fue con Oberá arriba 46-44, gracias al trabajo fino de Azpilicueta y Brocal desde la línea de libres. Cuestión de centavos, cuestión de puntos.
Sansimoni, elFontanero del complemento
El segundo tiempo arrancó con San Lorenzo buscando el match point emocional. Penka Aguirre y Raynere Thornton empujaron al Ciclón al frente (53-48) y parecía que la historia iba a ser la de siempre: local que reacciona y visitante que se cae. Pero apareció Bruno Sansimoni, que es algo así como el plomero del equipo: cuando hay una pérdida, la arregla. El alero estuvo letal desde el perímetro, le devolvió la ventaja a los misioneros (59-55) y se transformó en el jugador que el partido necesitaba. Sin himno, sin batifondo: eficaz y a otra cosa.
El último cuarto fue una pelea de trámite, de esas que se miran con la cocina encendida y el termo al lado. San Lorenzo empató 69-69 y el Polideportivo de Boedo empezó a creer. Pero Oberá, que sabe lo que es morder el polvo, esta vez administró el reloj con la calma del que sabe que no le sobra nada. Cerró 78-73 y se subió al colectivo con dos puntos que le cambiaron la cara a la temporada. Para San Lorenzo fue la segunda caída al hilo, después de la derrota del viernes ante Peñarol de Mar del Plata en el mismo escenario. Dos veces seguidas en casa, con la gente mirando: a veces el orgullo pesa más que la tabla.
¿Puede Oberá sostener este nivel y trepar en la tabla, o el de Boedo fue un resultado aislado y nada más? San Lorenzo, mientras tanto, tiene que revisar la defensa y la cabeza: dos caídas seguidas en el Polideportivo no son un dato menor. Veremos qué pasa el domingo en Corrientes, veremos qué pasa el lunes en Oliva, y veremos si los misioneros aprendieron a ganar de verdad o si este triunfo fue un suspiro en medio de una temporada larga. Como siempre, en este deporte la respuesta llega con el próximo partido.
