Cuando la vida sacude la propia imagen: por qué la autoestima se cae, tarda en volver y qué hace que algunas personas no puedan rearmarla
Un estudio de la Universidad de Zúrich siguió durante seis meses a más de mil adultos que habían atravesado una pérdida y comprobó que la mayoría logra reconstruirse, aunque una minoría queda atrapada en niveles muy bajos. La psicología tiene algunas respuestas sobre qué ayuda y qué traba esa recuperación.
Acá en la cuenca, en una cocina cualquiera de un martes a la mañana, doña Marta, 58, se sirve un café con una mano todavía temblorosa por lo que le dejó el último año: un despido, una separación y, casi encima, la noticia de que a su hermano le quedaba poco tiempo. "Yo siempre fui de arreglármelas sola, ¿sabés? Pero te juro que hubo días en que mirarme al espejo me costaba más que pagar las cuentas", me dice mientras apoya la taza sobre la mesa, como si todavía estuviera midiendo el peso de las cosas. Esa frase, esa incomodidad de no sentirse una misma después de un golpe, es exactamente lo que preocupa a quienes estudian la autoestima como algo que se mueve, que sube y baja, y no como un rasgo fijo que se tiene o no se tiene para siempre.
Nosotros, como sociedad, solemos festejar a los que "se la bancan" y mirar de reojo a los que quedan grogui después de un mal trance. Pero la evidencia viene diciendo hace rato que la caída no es un defecto de carácter: es una reacción humana a un evento que cambió el lugar de cada uno en el mundo. La pregunta de fondo no es si la autoestima se lastima, porque eso ya lo sabemos cualquiera que haya perdido un trabajo o terminado una relación, sino cuánto tarda en volver y por qué a algunos les cuesta tanto reconstruirse.
Lo que midió el estudio de Zúrich
Un equipo de la Universidad de Zúrich publicó en 2026 un trabajo que siguió a más de mil adultos alemanes durante 24 semanas. Todos ellos habían atravesado un episodio adverso en las seis semanas previas: la muerte de un ser querido, una separación, la pérdida de empleo, el fin de una amistad o la reprobación de un examen. Cada participante completó cinco evaluaciones a lo largo del período y respondió cuestionarios de personalidad y de autoestima, lo que permitió ver cómo evolucionaba esa percepción de sí mismo con el correr de los meses.
Los resultados mostraron que solo el 11% de los participantes mantuvo niveles muy bajos de autoestima durante todo el seguimiento. La mayoría, incluso quienes comenzaron en situaciones particularmente desfavorables, fue mejorando con el paso de los meses. Los investigadores concluyeron que la habituación y la adaptación son la respuesta más frecuente frente a un evento negativo: el cuerpo y la cabeza se acostumbran, el dolor se reacomoda y, con tiempo, la autovaloración tiende a volver a niveles anteriores.
Qué hace que a algunos les cueste más reconstruirse
- El peso emocional que cada persona le asigna al hecho: no es lo mismo perder un trabajo que se buscaba desde hace meses que quedarse sin uno que se detestaba, aunque las dos situaciones sean, en los papeles, la misma.
- El grado de control que se siente tener sobre la situación, porque cuando alguien cree que no puede hacer nada, la caída se vive como confirmación de indefensión.
- El impacto en la posición social, sobre todo en eventos como la pérdida de empleo, que toca directamente el lugar que uno ocupa en la mirada de los demás.
- Si el episodio cambió la visión del mundo, por ejemplo, si dejó la idea de que la vida es profundamente injusta o de que no se puede confiar en nadie.
- La personalidad: las personas con altos niveles de neuroticismo, es decir, quienes tienden a interpretar los cambios desde una perspectiva negativa, mostraron mayor dificultad para recuperarse, en parte porque ese rasgo alimenta la rumiación, la preocupación constante y la tendencia a concluir que un mal resultado dice algo definitivo sobre el propio valor.
La investigación identificó además que la pérdida de empleo y el fin de una amistad fueron los dos eventos con mayor asociación a la dificultad para reconstruir la autoestima. Las separaciones de pareja, en tanto, afectan de manera particular cuando se viven como rechazo. Y la edad apareció como un factor protector: las personas mayores mostraron mejor recuperación, lo que los autores vincularon con una mayor acumulación de experiencias previas que relativizan los golpes.
Vuelvo a doña Marta, allá en su cocina, y le pregunto qué fue lo que la empezó a levantar. Se queda pensando un rato largo, mira la ventana, y después me dice algo que, si uno lo escucha con cuidado, resume bastante de lo que dice la psicología: "No fue un día especial, hija, fue ir notando que me seguía levantando igual, que las cosas chicas me volvían a importar y que, de a poco, volvía a poder mirarme sin darme bronca". Esa recuperación silenciosa, hecha de días parecidos y no de grandes revelaciones, es justo la que el estudio de Zúrich describe como la norma y no como la excepción, incluso cuando el golpe fue de los que parecen no tener vuelta.
