Cuatro años, un hombro roto y una cooperativa que nunca buscó dónde ponerlo
Un embalador de fruta de Neuquén se lesionó en 2021, pidió tareas livianas y la empresa le dijo que no había lugar. La Justicia terminó dándole la razón a él.
Acá en la cuenca, en esos galpones de empaque donde las peras y las manzanas van armando sus cajas de madrugada, hay una historia que se repite más de lo que uno quisiera. Es la historia de un hombre que trabajó más de diez años embalando fruta, que se rompió el hombro derecho en agosto del 2021 y que terminó en un juicio laboral que acaba de cerrar la Cámara de Apelaciones de Neuquén. Todo porque la cooperativa para la que trabajaba le dijo, lisa y llanamente, que no tenía un puesto liviano donde reubicarlo. La Justicia le respondió que esa respuesta, sin pruebas, no alcanza.
Una década en el galpón y un telegrama que nadie quiso contestar
Yo soy Griselda Muñoz, de la sección Sociedad y vida, y esta vez la nota me lleva hasta la provincia de Neuquén, donde un operario que entró como embalador de primera en enero del 2011 se pasó más de una década sin sanciones, hasta que un día el hombro dijo basta. La ART lo tuvo a maltraer durante ocho meses y en abril del 2022 le extendió el alta con una restricción clara: podía volver, sí, pero nada de levantar peso. El hombre agarró esa indicación médica, la metió en un sobre y le mandó un telegrama a la cooperativa pidiendo reincorporarse. Le contestaron por carta documento reconociendo la restricción y, al mismo tiempo, diciéndole que no había ningún puesto que se ajustara a esa limitación. El operario volvió a escribir, esta vez detallando en qué sectores del galpón podía trabajar. La respuesta fue calcada. Ante la negativa repetida, se consideró despedido en forma indirecta, esa figura que existe justamente para cuando el empleado entiende que la empresa no le deja más margen que cortar por lo sano.
Marta, una vecina de Allen que conoce a varias familias del sector del packing, me decía mientras tomábamos mates que ella tiene un primo con un problema parecido en la espalda y que la empresa lo pasó a fichar etiquetas sin hacer mazo. "Si a él lo pudieron ubicar, a este hombre también, lo que pasa es que no quisieron", me dijo Marta, que tiene 52 años y conoce el galpón desde chica, cuando iba con su padre a buscar las cajas de la cosecha.
“Cuando una empresa alega que no tiene puesto disponible para alguien con limitaciones de salud, es ella la que tiene que demostrarlo. La cooperativa no lo hizo.”Juez Luis Trani, Juzgado Laboral N°3 de Neuquén
- Sellado de etiquetas en el sector de empaque, una tarea que no requiere levantar peso.
- Fichado de cajas con engrudo, otra labor liviana del galpón.
- Colgado de cajas en el sector conocido como "el aéreo", también compatible con la restricción.
- Reubicaciones previas: al menos cuatro embaladores habían sido pasados a esos sectores cuando se lesionaron o no podían cargar peso.
En el expediente declararon seis compañeros de trabajo y todos contaron, con nombres y detalles, que esas tareas existían y que se hacían todos los días. El juez Luis Trani, del Juzgado Laboral N°3 de Neuquén, tomó esos testimonios como coherentes, ordenados y concordantes, y concluyó algo que a mí, que llevo años covering estos juicios laborales, me parece clave: la cooperativa tenía posibilidades reales de reubicar al operario y eligió decir que no existían. En estos casos, quienes tenemos que probar que no hay lugar somos las empresas, no los empleados. La condena quedó fijada en 676.751 pesos más intereses desde 2022, un monto muy por debajo de los más de 4 millones que había reclamado el trabajador, pero que de todos modos le da la razón en lo central: no se puede esconder detrás de un "no hay puesto" sin mostrar por qué no lo hay.
La Cámara de Apelaciones confirmó el fallo y la cooperativa terminó pagando, cuatro años después de aquel agosto del 2021 en el que el hombro de este embalador dijo basta. Nosotros, los que pasamos por los galpones de la cuenca, sabemos que en esas plantas siempre hay una caja para etiquetar, un cajón para colgar en el aéreo, un lugar donde un compañero con la fuerza justa puede seguir siendo parte del equipo. Lo que no puede una empresa es mirar para otro lado y, cuando la Justicia pregunta, hacerse la distraída. Aquel hombre de la cocina del principio, el que armaba cajas desde el 2011, ya tiene su sentencia. Ahora falta que el resto de la cuenca tome nota.
