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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La huerta que se acomoda al jardín, y no al revés

Septiembre invita a sembrar y a repensar el espacio: cómo planificar la combinación entre plantas ornamentales y cultivos de estación sin resignar cosecha ni estética.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 28 d
La huerta que se acomoda al jardín, y no al revés

Acá en la cuenca, cualquier mañana de septiembre empieza igual: con la puerta mosquitera abierta de par en par, el ruido de los pajaritos que ya están despiertos y el olor a pan con manteca que sube desde la cocina. Pero también, si uno se asoma al fondo del terreno, empieza otra cosa: la duda de cada año sobre qué sembrar, dónde ponerlo y cómo hacer para que la huerta no parezca una intrusa en el jardín. Eso, justamente, es lo que conversamos esta semana con Mirta, mi vecina de toda la vida, 58 años, que tiene más en el patio que pisadas propias: "Yo quiero que se vea lindo y que, además, se pueda comer", me dijo mientras acomodaba una maceta de albahaca junto al rosal.

Pensar el espacio antes que la semilla

Cualquiera que haya intentado arrancar una huerta en casa sabe que el entusiasmo del primer fin de semana se choca rápido con la realidad: no alcanza con tirar semillas. Antes que nada, conviene imaginarse cómo se va a usar ese pedazo de tierra —o de balcón— y cuánto va a crecer cada cosa. Una planta chica al lado de un laurel comestible puede terminar en problemas si nadie pensó en las alturas. Y si la idea es integrar la huerta al jardín y no esconderla, hay que mirar hacia adentro con la misma dedicación con la que se mira hacia afuera.

La salida que más recomiendan los que saben, y que Mirta viene probando hace años, es mezclar lo que dura con lo que se renueva. Del lado de lo permanente entran el romero, el tomillo, el orégano y el propio laurel comestible, que además de servir en la cocina sirven como cerco verde. Del lado de lo estacional, septiembre ofrece lo de siempre: tomate, albahaca, berenjena, lechuga, pepino. Todos admiten siembra directa o plantín, así que uno puede ir armando el rompecabezas a medida que aparecen las ganas y el bolsillo.

Dónde poner cada cosa, según el sol y la manguera

Hay dos datos que no fallan: las plantas de huerta necesitan al menos medio día de sol directo, y en la Argentina el sol viene del norte. Parece una boludez, pero más de una vez planté mal por no ubicar el norte en el plano. Si además se puede dejar una canilla cerca, mejor: en primavera y verano la evaporación se viene con todo y las plantas transpiran como nosotros después de cortar el pasto. Ahí es donde el diseño deja de ser decoración y se vuelve logística pura.

Con eso resuelto, recién aparece lo lindo: pensar formas, alturas y colores. El laurel comestible sirve para tapar el tender de la ropa, ese enemigo estético del fondo. Sobre un alambrado o una reja, el taco de reina se prende con sus flores amarillas, anaranjadas o rojizas, y va cambiando la cara del patio. La clave, otra vez, es imaginarse la planta grande antes de ponerla chica.

Proteger la cosecha, sin arruinar la vista

Acá aparece un tema que muchas veces se olvida hasta que es tarde: las frutillas, por ejemplo, son una invitación a los pájaros. La solución más práctica es una red, pero la red en el primer plano del jardín es un golpe de aspecto. Por eso conviene correr ese cultivo al fondo y usar la cobertura como parte del paisaje, no como un parche. Y ya que estamos en el piso: compost y humus de lombriz ayudan a mejorar la tierra y a nutrir, sin gastar de más en cosas que uno no siempre sabe qué llevan adentro.

  • Antes de elegir semillas, mirar el espacio con la cosecha ya crecida en la cabeza: sobra lugar o falta en cualquier dirección.
  • Combinar plantas perennes (romero, tomillo, orégano, laurel comestible) con cultivos de estación para que algo siempre esté verde y produciendo.
  • Identificar el norte y la canilla más cercana: medio día de sol y riego fácil son la base de cualquier proyecto que sobreviva al verano.
  • Anticipar la altura adulta y la función estética de cada especie: cerco, flor, pantalla, sombra, comida.
  • Cuidar los productos fitosanitarios: todo lo que se rocía en el sector tiene que estar habilitado para cultivos comestibles, también sobre las plantas ornamentales cercanas.

Mirta me despidió con un plantín de albahaca en la mano y la promesa de volver en diciembre, "cuando los tomates ya estén listos y se te haya ido el miedo de ensuciarte las manos", me dijo mientras se reía. Tiene razón, como siempre: la huerta, acá en la cuenca, es una excusa para conversar con los vecinos, para mirar el jardín de otra manera y, de paso, comer un poco de lo que uno mismo fue cuidando. Nosotros, mientras tanto, ya estamos eligiendo el rincón.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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