Cortisol, la hormona que las redes convirtieron en villano y la ciencia se encarga de aclarar
Picos de estrés, ritmos circadianos alterados y fórmulas mágicas: qué dice realmente la endocrinología sobre una sustancia que el organismo necesita para funcionar y que, en las redes, parece un enemigo a eliminar.
Empiezo esta nota como tantas mañanas que empiezan en la cocina de uno, con la pava silbando y el teléfono que no deja de zumbar con mensajes. Mi vecina Delia, de 58 años, me escribió preocupada porque leyó que le diagnosticaron "la cara de cortisol" en un reel y quería saber si tenía que empezar un detox. Acá en la cuenca del Paraná, donde uno todavía se cruza con la vecina en la esquina y se le cuenta todo, esos videos vuelan de celular en celular. Y lo que vuela, nos preocupa. Nosotros, los que escribimos y los que leemos, tenemos derecho a saber qué dice la ciencia antes deSumar un nuevo enemigo a la lista.
Una hormona que no vino al mundo para hacer daño
El cortisol es una hormona que producen las glándulas suprarrenales, esas que están sentadas encima de los riñones, y cumple funciones que el cuerpo necesita para vivir: ayuda a regular el metabolismo de los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas; colabora con la presión arterial; modula la respuesta inflamatoria y la immunitaire, y participa del sueño y la vigilia. Si uno la piensa como una llave, es la llave que nos despierta a la madrugada con el pico más alto del día y la que nos ayuda a bajar la revoluciones cuando llega la noche. A ese dibujo se lo llama ritmo circadiano y es, justamente, la pista que los médicos miran cuando algo anda mal.
María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo, lo aclara con una imagen que cualquiera entiende: si a vos te miden el cortisol justo antes de rendir un examen, te va a salir más alto que de costumbre, y eso no es una enfermedad, es la manera que tiene el cuerpo de adaptarse al estrés. El aumento transitorio, el de los días en que la vida aprieta, no se trata como patología. Se trata, en todo caso, de un mecanismo de defensa que tenemos desde siempre.
Cuándo sí hay que preocuparse: el síndrome de Cushing
El problema clínico verdadero se llama síndrome de Cushing y aparece cuando el cuerpo queda expuesto, durante mucho tiempo, a niveles excesivos de cortisol. En ese cuadro se rompe el ritmo circadiano: la hormona se mantiene tan alta a la tarde o a la noche como a la mañana, y eso es lo que enciende las alertas en un consultorio. Pero ojo: este síndrome no tiene relación con las variaciones cotidianas ni con el estrés del día a día. Son cosas distintas, aunque las redes se empeñen en mezclarlas.
Lo que circula en redes y no tiene respaldo científico
- La "cara de cortisol" como diagnóstico casero: no hay manera de identificar un exceso hormonal mirándose al espejo.
- El "cortisol cocktail", un preparado con jugos, sales y a veces suplementos: no existe evidencia de que modifique las glándulas suprarrenales ni los niveles de la hormona. La endocrinóloga Jodi Nagelberg, de la Universidad de California, lo definió como "una exageración" en el mejor de los casos.
- El "cortisol detox" como promesa de limpiar el cuerpo: el cuerpo ya tiene sus propios mecanismos de regulación y no necesita detox para equilibrar esta hormona.
- La idea de que bajar el cortisol por sí solo hace caer la grasa abdominal: no hay estudios que respalden esa relación directa.
“Mucho de lo que se dice sobre el cortisol en las redes no tiene sustento desde el punto de vista endocrinológico.”María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo
Yo le dije a Delia, después de escucharla con la taza de té en la mano, que no hay que tenerle miedo al cortisol ni salir a cazarlo con fórmulas mágicas. Que si ella se siente cansada, con sueño cambiado o con la presión alterada, lo que corresponde es ir a un médico, contarle lo que le pasa y dejar que el profesional indique, si hace falta, un análisis de sangre en el momento del día que corresponda. Esa es la manera que tiene la ciencia de cuidarnos, la misma que Delia conoce desde que era chica y se crió escuchando a su abuela decir que al cuerpo hay que quererlo, pero también entenderlo. Volví a la cocina, apagué la pava y me quedé pensando cuántas veces una preocupación que empezó en un reel termina en una conversación que vale la pena tener en la mesa de casa.
